¿Como nacieron los libros electrónicos y los audiolibros?

 


 

Hace unos meses les conté acerca de las diferencias y ventajas que hay entre leer libros físicos y los electrónicos, así como el por qué las personas eligen unos y otros. 

En esta ocasión, entonces, me gustaría hablarles sobre un tema que está relacionado sobre esto y que seguramente les puede interesar. 

Por lo regular al referirnos sobre medios para leer que son diferentes al libro físico tradicional, nos pueden venir a la mente tanto los ahora populares lectores electrónicos o eReaders como los audiolibros. Pero ¿alguna vez se han preguntado como fue que estos aparecieron por primera vez y las razones por las que se inventaron? En realidad, no muchos de nosotros los sabemos, por lo que ahora les contare un poco sobre sus muy interesantes orígenes.

 

Los libros electrónicos

Desde que se consiguió la digitalización de libros y documentos, el avance de la tecnología en cuanto a las posibilidades de suprimir el uso del papel para trasladarlos a pantallas digitales, ha contribuido a que bibliotecas enteras se encuentren ahora al alcance de cualquiera con un solo click. Esto podemos comprobarlo, accediendo a sitios en la web y adquirir cientos o miles de libros incluso de manera gratuita.

Una de las primeras precursoras en la invención del libro electrónico fue la maestra e inventora de origen español Angela Ruiz Robles quien en 1949 con un singular aparato de creación suya, trato de aligerar la carga de libros que llevaban los estudiantes a las escuelas. Y aunque este dispositivo era más bien mecánico, su contribución fue fundamental para el futuro libro electrónico. Lamentablemente la maestra Angela no obtuvo la financiación necesaria y su invento quedo en el olvido por muchos años.

Este maravilloso invento, sin embargo, fue pieza clave muchos años después para el “Proyecto Gutenberg” el cual fue ideado y fundado por el filántropo estadounidense Michael S. Hart en 1971; cuyo objetivo fue la creación y difusión de la más grande biblioteca digital gratuita en base a libros publicados existentes y cuyos derechos estuvieran expirados y fueran del dominio público.

Mientras estudiaba en la universidad, Michael S. Hart tuvo acceso a uno de los principales ordenadores que posteriormente se convirtieron en lo que hoy conocemos como el Internet. Fue así, como ideo la manera de hacer asequibles la literatura impresa a cualquiera que lo deseara, mediante una inmensa biblioteca virtual que hasta la fecha sigue existiendo y a la que se puede incluso acceder sin restricciones. Esto provoco que se empezaran a idear los primeros libros electrónicos, ya que hasta ese momento, la única manera de leer textos digitales era por medio de los ordenadores de escritorio, lo cual resultaba cansado y poco práctico. 

Varios prototipos se crearon, pero no fue hasta la invención de la “tinta electrónica” (la cual permitía leer cómodamente sin lastimar la vista) que se logró la revolución tecnológica de los lectores digitales. Esta “tinta” represento una oportunidad significativa para que la gente sintiera que estaba leyendo un verdadero libro, con un bajo consumo de energía y por medio de dispositivos pequeños, ligeros y fáciles de llevar a cualquier lado. El libro electrónico finalmente había sido creado tal como lo conocemos.

 

 

Los Audiolibros

Contrariamente a lo que se cree, los audiolibros no son una invención tan reciente. Mientras que la fecha de lanzamiento oficial de los libros electrónicos fue en 1971 a los primeros audiolibros se les fecha de 100 años atrás.

Con la invención del fonógrafo en 1877 por Thomas Alba Edison es que se tiene constancia de las primeras grabaciones literarias. Edison propuso la grabación de la obra de Charles Dickens “Nicholas Nickleby” el cual se podría considerar como el primer audiolibro. Pero dado que el uso de cilindros de cera para grabar era difícil, solo se podían realizar audios de unos pocos minutos de duración. Aún así, fue un gran avance para la época.

Fue en 1939 en el Reino Unido donde aparecieron los primeros audiolibros, pero fue en los Estados Unidos donde la idea se consolidó. La Biblioteca del Congreso promovió un proyecto de libros “parlantes” que ayudaban a soldados retirados y ciudadanos con ceguera, a que siguieran disfrutando de la lectura de manera audible usando para tal propósito el formato del disco de vinilo. Años después, estos serían sustituidos por cintas magnéticas que aunque seguían siendo poco prácticas, representaron una gran mejora, y en 1963 se inventan unas cintas menos complejas en su uso para las grabaciones y de un peso ligero a comparación de las magnéticas.

Cuando finalmente, en los años ochenta surgen los discos compactos, la revolución del audiolibro se hizo presente en las bibliotecas públicas de Estados Unidos y Reino Unido con bastante éxito y aceptación, por lo que al finalizar los años noventas, la industria del audiolibro y sus ventas fueron en aumento.

Uno de sus pioneros fue la compañía Audible.com, la cual lanzó al mercado un pequeño reproductor parecido a un walkman con un costo que rondaba los $200 dólares y con el que se podían comprar y descargar títulos de un catálogo desde su página web. Sin embargo, con la llegada del Internet el audiolibro dio un salto gigantesco, y las descargas digitales hicieron más accesible y variada su distribución, las cuales actualmente, abarcan decenas de sitios web, y que por una suscripción mensual, permiten acceder a enormes bibliotecas virtuales con millones de títulos disponibles, al alcance de cualquier persona.

Como habrás visto, el camino de estas dos formas de lectura no es ni nueva, ni improvisada y sus interesantes historias nos enseñan que cualquiera que sea el formato que elijan finalmente los lectores, serán una forma divertida y entretenida de realizarla. 

Espero sinceramente que les haya gustado este artículo y me dejen sus comentarios, los cuales me da gusto recibir y leer. Nos leemos pronto.

 

 

 

 

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